26 DIC 2011 05:27
Mujeres…
Están por todas partes, pisan fuerte, ya no se ocupan sólo, como lo hacían antes, de las labores domésticas, sino que han salido a la calle, al trabajo, a la política, a la poética, a la ética, a la estética y no a la estática, sino a la dinámica, y a la literatura, por supuesto.
El mundo es suyo –se lo comen– y el futuro, también. Hace poco escribí una columna que se titulaba “La cabalgata de las valquirias”. En ella hablaba, expectante, contento y esperanzado, de la irrupción de toda una serie de mujeres fuertes, enérgicas, cultas, guapas, incluso, y decididas a gobernar no sé si el mundo, pero sí, creo yo, a medio plazo, buena parte de él (con permiso de la Merkel, que también es fémina, aunque de las que tienen un par) y España entera.
Durante milenios habían gobernado la casa. Bien está que gobiernen ahora lo que está fuera de ella. Yo me alegro de que sea así. A ver si lo hacen mejor que mis congéneres. No es difícil, porque éstos, con alguna que otra excepción, se lo han puesto fácil. Ellas van a más y los varones a menos. La historia, ya lo decía el protagonista de “El cero y el infinito”, de Arthur Koestler, es un columpio que va y viene, que sube y baja, que se aleja, que se acerca…
Hablo en tercera persona. Permítanme que me excluya de la lista de los animales testosterónicos. Mi ideal siempre ha sido el de Leonardo: la androginia.
Soraya, la Cospedal, Teófila, María Fernanda Rudi, Yolanda Barcina, Arantza Quiroga, Rita, las tres Anas (Pastor, Mato y Botella), Esperanza…
¿Me olvido de alguna? Seguro que sí. ¡Hay tantas! Tiempo habrá para hacerles justicia.
¿Tienen algo en común?
Sí. Ninguna milita en la izquierda. ¿Por qué será?
Respuesta cantada: los países tienen algo de empresa y algo de casa. Ninguno de esos ámbitos funciona como es debido cuando en ellos la insensatez y el sectarismo sustituyen al principio de autoridad rectamente ejercido.
De sobra sé que en los duros años del zetaparismo zapatearon en la pasarela de la cosa pública bibianas, magdalenas, pajines, chaconas… Pero no eran mujeres hechas y derechas. Eran adolescentes. Es de esperar que algún día crezcan, como lo hizo Wendy, y dejen de volar en alas de las fantasías de la izquierda hacia la isla de Nunca Jamás.
No olvidemos ese topónimo, cargado ahora de significación: nunca jamás, nunca jamás, nunca jamás vuelvan los psocialistas al poder. Ya sabemos cómo las gastan. El país, que está en las últimas, no lo resistiría.
Mujeres, dije… Es la nueva Anunciación.
Bienvenidas sean.